Problemas de Lecturas???
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A PIES Y EN MULAS
Nos anticiparon lo difícil del viaje: ”Seguro que quieren ir”, dijeron una y otra vez durante unos treinta días. “Sí, iremos”, repetía yo con insistencia. “Pero verán que el lugar está a dos horas en carro desde Sigchos; de ahí tenemos que caminar dos horas, y el regreso hay que hacerlo en mula, en una hora y media”, advirtieron. Llego el día. Salimos de Latacunga a las siete y cuarenta y ocho, y llegamos a Sigchos a las nueve. Invitados por José Villamarín, Alcalde del cantón, desayunamos en un pequeño salón, ubicado junto al Municipio. Café, tostada con queso, arroz con pollo, huevos a la copa y jugo de tomate, fue el suculento recibimiento alimenticio. De ahí nos enrumbamos al destino. En hora cuarenta minutos llegamos a un punto donde dos hombres, entrados en edad, nos esperaban para guiarnos en el caminar. Byron Ruiz, uno de los promotores del viaje, al advertir que yo estaba con zapatos de goma y gamuza (me parecían los ideales para caminar) me ofreció un par de botas de caucho, que me quedaron apretadas, pero algunos viajantes dijeron que era mejor sufrir esa molestia que arriesgar perder los zapatos y pretender caminar a pies, lo que sería una misión imposible. EL PRIMER PASO El mismo momento que dimos el primer paso por el chaquiñán nos dimos cuenta de lo difícil que iba a constituir la empresa de aventura que habíamos emprendido. El único consuelo que encontramos era la idea que llegaríamos pronto al destino. Enseguida pisamos lodo, lo que se convirtió en una constante, salvo un pequeñísimo trayecto de pasto, donde nos sentamos a descansar brevemente, tras sentir el primer debilitamiento de las piernas que advertían la inexperiencia en esas tareas. Desde ese lugar contemplamos el verde esplendor de grandes montañas, y un río abajo y distante, llamado Toachi. “Cerca de ahí, del río, vamos” explicó el guía, quien adelantó sus pasos presurosos, y a quien no volví a verlo, sino ya en el destino. Vi con sorpresa que Geraldo Karolys, quien había pedido instrucciones de ruta al guía, se había adelantado de nosotros largamente. El pasto donde descansamos, un trapiche donde no había nadie (todos habían viajado a la fiesta), y una casa de madera, pintada de verde y típica del monte, fueron los únicos lugares abiertos que miramos en el trayecto. Todo lo demás fue un laberinto de tierra mojada, tipo resbaladera, que limitaba con paredes naturales y ramales selváticos que se convertían en cortas fronteras la cuales eran imposibles rebasar, y se convertían en una cárcel lineal, de la que deseaba escapar regresando al punto de partida. El ancho del camino no daba para dos, por lo que era necesario caminar en fila. En inicio, las primeras caídas eran celebradas, pero las venideras eran vistas con preocupación. DESAFÍO AL VÉRTIGO Pasar una cuchilla de medio metro de ancho, y con un precipicio al lado izquierdo, fue un desafío al vértigo, pese a ser corto –de unos ocho metros de largo- es de miedo, pues estaba resbaloso, y empezó a caer un pertinaz aguacero. De ahí en adelante, y tras cuarenta minutos de caminar, el grupo se dividió. Por azar o por circunstancias, yo quedé entre Ramiro Vásquez, que se ubicó como el último grupo de tres y Diego Moscoso, que se ubicó como el primero de la última fila de tres. No sabíamos nada de los que, entendíamos, estaban adelantados y no conocíamos nada porque el laberinto era encajonado y la única perspectiva, a lo sumo, eran unos cinco metros, Pese a que nos concentrábamos más donde pisábamos, y el diálogo era con nuestro propio miedo, un momento platicamos sobre lo difícil que debió ser para los españoles caminar por las inhóspitas tierras americanas. Y a los pocos días de viaje, leí una bibliografía de Francisco Pizarro donde se escribe que “fue una caminata peligrosa, por tierras pantanosas bordeadas de selva cerrada y grandes colinas”. Regresando a la aventura, Diego se convirtió en guía y como tal impidió algunas caídas y por repetidas veces, visitamos el suelo y nos cobijamos de un café lodo, pese a los bastones de madera, sacados de matorrales, que los guías nos habían regalado en inicio. Sabíamos que nuestra esperanza y nuestra sobrevivencia radicaban en caminar, en sacar esa fuerza mental y física que tenemos los seres humanos. Debió haber pasado una hora desde que nos separamos de los otros y, al no saber de ellos, creía que nos habíamos extraviado. Había razones para ello: ese sendero parecía intransitable para los hombres. Entonces, le pedí a Diego, el más joven y, de hecho, el que contaba con mejor estado físico, que se adelantara y visualizara si había salida, antes de decidir emprender un regreso obligado. Después de unos diez minutos, el adelantado regresó y dijo que, a lo lejos, había escuchado algo, lo que anunciaba que estábamos cerca. Así fue: luego de caminar quince minutos, escuchamos un murmullo festivo, y de pronto, en medio del aguacero que todavía seguía, miramos a más de un centenar de niños, hombres y mujeres que esperaban nuestra llegada para dar comienzo al programa. Por fin, llegamos a San Juan de Agüilla. Una pelea de gallos, las palabras de rigor, una sopa de gallina, un plato lleno con medio pollo, que parecía pavo, una gran presa de cuy del tamaño de un conejo y un lote de fritada fue el manjar que devoramos con ansiedad. Unos dos vasos de cerveza cada uno, dos copas de puro de trapiche, y el pedido urgente que ensillen las mulas porque queríamos emprender el retorno. LA ODISEA DE VUELTA En veinte minutos más serán las cinco de la tarde, y un cielo plomo no parece tener clemencia con los intrusos. No hay mulas para todos, y no todos quieren mulas. Fabricio Arroyo, Carlos Jácome y Ramiro Vásquez adelantan sus pasos de regreso. Mesías Molina (locutor de radio municipal de Sigchos), yo y Ricardo Paucar montamos las primeras mulas, y con dos guías de unos doce años de edad emprendimos el regreso. Atrás quedan, a las espera de sus mulas, Ramiro Olivo, Diego Moscoso, Byron Ruiz, Juan Pablo Villavicencio y Lautaro Duque, vicealcalde de Sigchos. Nicolai Soria es invitado por un lugareño a caminar unos diez minutos, coger una mula y salir al carretero por otro camino. No sabremos de él hasta entrada la noche, al igual que Geraldo que, luego de haber bajado rumbo al río y haberse extraviado y, a su decir, encontrar tres culebras, buscó el chaquiñán y apostó por lo seguro: emprender caminata cuesta arriba. Si la ida fue tormentosa, el regreso fue peor. Durante los primeros veinte minutos el paso de los caminantes me admira, pero pronto son rezagados por el paso constante de las mulas. Apenas estoy en camino, un calambre visita mi pierna, y no comento con nadie, porque no hay con quien comentar. No sé si estoy antes o después de Mesías y Ricardo, y los dos pequeños guías. Me encomiendo a Dios y a las palabras de doña Emperatriz que me dijo: “vaya nomas, la mulita conoce el camino”. La mula no había comido y paraba donde encontraba ramas, y a la voz de “!dale mulita¡” ponía una primera desanimada y avanzaba. EL MINUTO MÁS LARGO Parecía, en muchas ocasiones, que perdía el rastro del sendero, pero luego se ubicaba. Aunque no me caí, estuve a punto unas dos veces; lo que sí, convertí el sombrero en casco para enfrentar unos tres ramales que buscaban, sin éxito, degollarme. Cuando llegué a la cuchilla del infierno, pretendí bajarme de la mula, pero no había quien me ayude ¡Estaba solo! Entonces, me encomendé a la mula y pasé la cuchilla sobre el animal, en lo que constituyó el minuto más largo de mi vida. En más de una oportunidad, pensé bajarme del cuadrúpedo para que no sufra, todo el cuerpo, sino que sufran únicamente los pies, pero al alzar a ver la vieja estepa verde, confirmaba mi confianza en el cuadrúpedo. La noche anunciaba su llegada cuando mi espíritu, luego de algunos intentos de triunfo fracasados, me anuncia que llegaba, y así fue, la mula-amiga da unos tantos saltos y llega a carretera. Ahí está esperándonos Geraldo. Tras de mi aparecieron Mesías y Ricardo. Cumplimos un reto personal, pero no hay con qué, ni podemos celebrarlo. Estamos completamente empapados y no tenemos ropa para mudarnos. Después de una hora empiezan a aparecer Ramiro Vásquez, Nicolai Soria, Ramiro Olivo, Diego Moscoso, Fabricio Arroyo, Carlos Jácome, Byron Ruiz, Juan Pablo Villavicencio y Lautaro Duque, quienes cuentan historias iguales e incluso más dramáticas de las que yo había vivido. Algún día regresaré a San Juan de Agüilla. Espero que sea cuando haya carretera, agua potable, alcantarillado, telefonía e internet. Por hoy, mis amigos de San Juan de Agüilla ya tienen luz eléctrica.
 
ELEPCO S.A. ENTREGÓ AYUDA A LOS HABITANTES DE NEGRILLO
El día viernes 30 de marzo del 2012, funcionarios de ELEPCO S.A. encabezados por el Dr. Edgar Jiménez, Presidente Ejecutivo, visitaron la comunidad de Negrillo, que fue afectada por el fuerte temporal invernal que sufre el sector litoral de la provincia. La comitiva no llegó con las manos vacías, ya que llevaron víveres y enseres de primera necesidad para asistir a los habitantes de esta comunidad; la gratitud de los beneficiados fue enorme al mirar la camioneta llegar. Además de los víveres entregados gracias al apoyo desinteresado de varios empleados y trabajadores de la Empresa, se iluminó y dotó de energía eléctrica el campamento en donde se encuentran instaladas las 60 familias afectadas. La Empresa Eléctrica Provincial Cotopaxi S.A. se encuentra presta a brindar el contingente necesario a las comunidades afectadas por el crudo invierno, además hace un llamado a la ciudadanía para que comuniquen cualquier posible avería en el sistema de energía eléctrica a nuestros números de servicio al cliente 2812-630 ext. 116
 
ELEPCO S.A. IMPLEMENTARÁ PLAN PILOTO PARA EL SISTEMA DE TELEMEDICIÓN
El día jueves 29 de marzo del 2012, se llevó a cabo una reunión de trabajo con el Sr. Tony Hao, Director de Marketing en Sud América de WASION GROUP; el Ing. Vicente Alarcón, Gerente General de Mercar Cía. Ltda.; y el Dr. Edgar Jiménez, Presidente Ejecutivo de ELEPCO S.A. La temática de la reunión fue la telemedición o también llamado sistema de medición inteligente, la propuesta planteada por WASION GROUP consiste en la implementación de un plan piloto de 200 contadores de energía con el sistema de telemedición, que permite la lectura y control del consumo de energía eléctrica en forma remota desde las oficinas de ELEPCO S.A.; resta definir el lugar idóneo para aplicar este proyecto. El sistema de medición inteligente será instalado en aproximadamente dos meses, según la propuesta del plan piloto por parte de WASION GROUP, la implementación de este sistema permitirá confirmar la aplicación futura del mismo en ELEPCO S.A., para así emprender un proyecto global en la totalidad del área de concesión de la Empresa.
 
 
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